Estamos acostumbrados (desgraciadamente) a que todo en este mundo mueva dinero, hasta las cosas más básicas han pasado a ser grandes (y a veces redondos) negocios: la sanidad y la vivienda son dos claros ejemplos.
Sobre la vivienda hay poco más que se pueda decir, el suelo pasa de mano en mano varias veces hasta que por fin se construyen viviendas; en cada proceso de intercambio, el suelo, sin otro motivo que la avaricia, codicia y voluntad de los propietarios especuladores, incrementa su precio sin añadirse valor alguno. Con las viviendas contruidas también se especula y se hace negocio. ¿Acaso no es un derecho de todo español tener una vivienda digna?… ¿A qué precio?
En cuanto a la sanidad, la aparición de numerosas clínicas privadas, y el enriquecimiento de los laboratorios farmacéuticos dejan poco lugar a dudas de cuál es el verdadero fin de la profesión: en muchos casos no es curar, sino enriquecerse.
¿Y por qué digo todo esto en un blog que trata sobre otras cosas? Pues porque como decía al principio, nos hemos acostumbrado a esto. Y por eso vemos normal que ahora sea mucho "más valioso" un CD que un concierto. ¿Los discos no se inventaron para copiar la música en directo? Ahora parece que funciona al revés, y los conciertos son en muchas ocasiones copias de CDs. Cuando lo lógico sería que el artista promocionara sus conciertos mediante las grabaciones, ahora tenemos lo contrario. El artista promociona sus grabaciones mediante conciertos. Es de locos.
Pero ese no es el problema más serio, sino que el problema auténtico es que muchísimo dinero se queda por el camino, el artista apenas recibe una remuneración justa por su trabajo, y son los intermediarios los que se quedan con los mayores beneficios. Ejemplo: en Alemania, en el año 2004 de los 1200 autores profesionales que viven de la música, solo el 18%, es decir 216, lo consiguen gracias a los derechos de autor. En cambio, desde que existe Internet, desde que es posible distribuir de forma mundial una obra de arte, un trozo de cultura, una canción, sin apenas inversión, deberíamos preguntarnos si la figura de los intermediarios, antes necesaria, tiene sentido hoy por hoy. La respuesta (en mi opinión) es que no. Máxime si los intermediarios sólo apuestan por un tipo único de cultura: la que más vende [porque esto es un negocio!!!]. Y la cultura minoritaria, por ser minoritaria, no tiene sentido para ellos. Pero que no tenga sentido para ellos no quiere decir que no tenga sentido para el público, porque una canción en la que dudo que muchos intermediarios hayan confiado como "Opá yo viacé un corrá" ha sido escogida por el público. Ha tenido su respaldo, sin medios de promoción tradicionales, sino valiéndose del boca a boca, del blog a blog, y de youtube. De nuevo lanzo la misma pregunta… ¿tienen sentido los intermediarios hoy por hoy?Por otra parte, hay gente a la que se le llena la boca al afirmar que: "La creación sin la industria ya no existe". Son palabras de la Ministra de Cultura, Carmen Calvo, en una entrevista con los lectores El País. Y se equivoca. Se equivoca mucho, porque hay gente que no quiere, no necesita o no le apetece entrar a formar parte de la industria, de cualquier industria, para poder crear. Y no me lo estoy inventando, sino que es un hecho contrastable. Hay decenas de grupos españoles que distribuyen sus creaciones de forma gratuita por Internet. Porque a estos creadores lo que les interesa es que sus creaciones sean escuchadas. Que la gente las comparta. Que formen parte de la vida de la gente.
Y ahora vienen los enlaces que lo demuestran todo. Véalos señora Ministra, ellos también son creadores:
Desde http://www.musicalibre.info
57 grados, A.P.S. (Ansiedad x Separacion), Adore, Angela Chaning, atake urbano, Bum Naranjo, Ciruelo Cilíndrico, Digeroo, Dilo, Dj Suko, Doble RR, El Circulo de Willis, En el Jardín, Epidemia Sin Rumbo, Error Fatal, Esparzios, Esquios, Esquizofrenia, Estación Central, Estado Krítico, Eternal Rain, Explicit Language, Frontkick, Gnugpl Dobroide, Guarapita, Guindi, Hachazo, Hoka Hey, Huzkey, Jesús H Paredes, Juan F. Navarro, La A.B.S.E.N.T.A., La Pus, La vaca güano, LaDeSiDia, LaMundial.net, Liróforo y los autocantantes, Listea, LlamaloPop.com, Los Mauricios, Los Sundayers, Los Whitos, MadreOceano, Malafolla, Manikiatrico, Marujita Manson, Melancólico catrín, Motorsex, Nada Personal, Oi! Kobras, pasando, Payasos dopados, Po-Rock, Psychofusion, Punkats, Punkmuki, R13, Samba Da Rua, Senda del Vacío, Sonados, Splattered, STREET SPIRIT, Stropizio, Subarrendaos, Toni Lloret, Tripi JB, y tú, maría, Zveroff.
Desde http://www.soundclick.com/
tenemos una comunidad con más de dos millones de miembros, más de un millón y medio de canciones y más de doscientosmil grupos o bandas. Las canciones se pueden escuchar gratuitamente y en la mayoría de los casos, descargase también sin cargo alguno.
Y para más información, no todo es copyright:
http://es.creativecommons.org/ donde podremos encontrar cómo publicar obras bajo múltiples licencias que permiten libertad de distribución, modificación y copia.


miguelnr wrote,
Personalmente me da igual la relación que pueda haber entre los CDs y los conciertos, de hecho creo que no hay ninguna, un artista puede dedicarse solo a dar conciertos o solo hacer grabaciones de estudio; que se haga así o no hoy en día es una mera cuestión de opciones de negocio, cuyo único criterio es el nivel de ingresos y la rentabilidad.
Dicho esto, la verdadera cuestión relevante aquí es la forma en la que se organiza el mercado, los criterios por los cuales el artista cobra su trabajo.
Las declaraciones de la señora Ministra no tienen sentido. ¿Qué es la Industria?, la “industria” aquí es más un concepto intangible que otra cosa, por lo menos de manera constante; se crea y se destruye según las necesidades de quien crea un producto y todo debería girar en torno a esto, lo malo es cuando no es así, y esa llamada “industria” crea sus propios intereses, más allá de los intereses del artista y de la remuneración real de su trabajo.
La ley de propiedad intelectual establece derechos de explotación económica para toda la vida del creador y 60 años posteriores a su muerte, y un derecho moral existente durante toda la vida del creador, y la vida de dos generaciones posteriores a la suya.
En Europa estos derechos suelen tener este límite, pero en Estados Unidos pueden ser renovados por los siglos de los siglos.
La cuestión es si ese criterio es legítimo, y si realmente uno puede apropiarse de una idea, de una creación, durante un tiempo X, o incluso para siempre, o por el contrario debería cobrar por el trabajo empleado para realizarla.
Cuando se habla de trabajo se refiere, evidentemente, no solo al mero esfuerzo físico, que puede ser nulo, sino al conjunto de esfuerzos materiales (físico e intelectual) y financieros, así como el tiempo invertido, y la rentabilidad que uno quiera buscar.
Somos muchos los que entendemos que nadie puede ser “propietario de una idea”, dado que eso es metafísicamente indefendible, y sin embargo lo justo sería que lo que se remunere, sea el trabajo invertido para crear una idea, una renta de trabajo.
Una vez satisfecho ese pago, la idea pasa a ser propiedad de la humanidad, y de lo que esta considere oportuno hacer con ella.
Los registros de propiedad intelectual pasarían a realizar otra función: ya no darían constancia legal de una idea propiedad de alguien, sino de una idea que es de todos, notificando su remuneración ya satisfecha, y por lo tanto nadie podría volver a cobrar por algo que ya fue remunerado en su momento.
Serviría para probar, ante un Tribunal, que alguien ha querido beneficiarse por un trabajo que no ha realizado; esto no es estrambótico, es otra aplicación de la legislación ya existente sobre estafa, conceptos inexistentes en una factura que se quiere cobrar, sobre un tiempo no invertido, unas inversiones no realizadas y unos ingresos, por lo tanto, ilegítimos. Cobrar por nada.
Por lo tanto, juridicamente es totalmente viable eliminar la Propiedad intelectual tal y como está concebida, y transformarla en una “Ley de rentas del trabajo para creadores”, en donde se debería garantizar el derecho del autor de la idea a marcar su remuneración de manera independiente a los Editores y Distribuidores, y marcar una remuneración (que puede ser cobrada en las formas que considere oportunas, ya puede ser de golpe, o en cuotas periódicas, eso es irrelevante) sin (y esto es lo importante) cuotas temporales, de tipo moral y/ó ecónomica.
Los beneficios de esta teórica reforma serían incontables.
En primer lugar sería un sistema más justo, más defendible intelectualmente hablando.
En segundo lugar se conseguiría que los Autores fueran autónomos con respecto a los editores y distribuidores, es decir, la famosa “industria”, ¿eso quiere decir que ya no tendrían función?, falso, lo que quiere decir es que ya no podrían ser un monopolio u oligopolio intervencionista, ya no podrían decirle unilateralmente al Autor cuanto debe cobrar por sus propias creaciones, es decir, los Autores tendrían fuerza legal para negociar las cuotas que reciben, y por otro lado, podrían libremente no hacer uso de los servicios ofrecidos por los Distribuidores y Editores, y ofrecer libremente sus productos.
En tercer lugar se liberarían miles de millones de euros que actualmente se gastan en patentes y derechos de autor, que no deja de ser capital especulativo, es decir, no productivo, que no crea empleo, porque no obliga a los productores a invertir en I+D para generar ideas nuevas, con lo cual, se reduciría el gasto de otras empresas y particulares, se invertiría más en empleo, Investigación y Desarrollo, y además, bajarían los precios porque habría auténtica competencia en un verdadero libre mercado.
Todo son ventajas.
El desastre es el sistema actual, sostenido por cuatro o cinco magnates que lo único que quieren es ganar dinero a espuertas, sin ninguna justificación ni moral ni económica ni filosófica razonable, que quieren especular con las ideas, no generar empleo, no innovar y de paso, ayudan a acrecentar la distancia entre ricos y pobres.
Link | 1-05-2006 at 23:40
Esto es buena cosa… » Blog Archive » La revolución está en la calle wrote,
[...] Noviembre es un grupo de teatro independiente y libre, que actúa en espacios abiertos de forma gratuita. No quieren cobrar. No necesitan ese tipo de reconocimiento. Buscan interactuar con el público, expresar sus ideas, expresar sus sentimientos, divertir, provocar reacciones. Actuar por dinero supondría un condicionante para la libertad que pretenden. En el discurso final, sentí que el personaje repetía mis propias ideas ante una sala llena de gente (que paradójicamente sí había pagado por ver esta obra). Expresaba las ideas que van implícitas o explícitas en ¿Por qué el arte tiene que ser un negocio?. "A nosotros nos interesa el arte, y no el negocio del arte, el mercado del arte, la industria del arte o las matemáticas del arte". [...]
Link | 17-05-2006 at 0:13