Hoy toca de nuevo un post off-topic. Es decir, que no se ajusta exactamente a la temática del blog. Pero aún así creo que es necesario por cuanto tiene de relación con los principios que defiendo en el blog.

En el Partido Pirata Español (ya sabemos que ese será su nombre) hay un debate abierto sobre las patentes, no sólo las de software sino las demás. Lo bueno de este partido es que se plantea cosas que hasta ahora se daban por sentado, preguntándose si estos elementos con los que estamos acostumbrados a convivir son de verdad importantes y útiles para la sociedad, o si por algún motivo, juegan algún otro papel. El tema de las patentes es complejo, y no puede generalizarse, pero no estaría de más estudiar algún caso. Los defensores a ultranza de las patentes (entre los que no me encuentro) alegan que promueven la innovación. Entre los detractores a ultranza de las patentes (entre los que tampoco me encuentro) afirman que no sirven para nada. Sin ser yo parte de ninguno de estos grupos, sí que estoy de acuerdo con uno más que con otro (no hay más que conocer mi línea de pensamiento para adivinarlo), sobre todo en algunos casos. El caso de hoy lo recogía Noticias Cuatro hace un par de días:

En algún sitio de Estados Unidos han descubierto una posible vacuna para el virus H5N1, el de la gripe del pollo, la gripe aviaria (o aviar, no sé como se dice correctamente). Enlazando con el extraordinario hallazgo de la vacuna, comentaron que hasta entonces sólo existía un medicamento recomendado por la Organización Mundial de la Salud para combatir esta enfermedad, aunque no era del todo fiable ya que su efectividad sólo era alta en las primeras 48 horas después de contraída la enfermedad. Este medicamento, tamiflu, está patentado por una gran empresa famacéutica, Roche, que ante la posibilidad de hacer el negocio del siglo, se niega a compartir o abrir la patente para que se pueda sintetizar por otros laboratorios ante el posible (esperemos que no probable) riesgo de pandemia.

Crear este medicamento es carísimo, igual que tomarlo, ya que un tratamiento individual puede llegar a costar 58 euros. Evidentemente el negocio que haría Roche si hubiera un contagio más o menos masivo sería redondo. Además, el esfuerzo que tendrían que hacer los países para proteger y mantener la salud de sus ciudadanos (algo que es su obligación) sería también enorme. Por otro lado, si otros laboratorios pudiesen acceder a fabricar tamiflu y quizás investigarlo, podría ocurrir lo siguiente:

  • Al producirse más medicamento, de forma masiva, el precio de este disminuiría, haciendolo accesible a más países y pudiendo protegerse mejor a la población ante una posible pandemia de la que tanto se ha hablado.
  • Al poder trabajar con el medicamento más laboratorios, las investigaciones podrían avanzar en el sentido de mejorar la escasa efectividad del producto (que aun así es lo único que hay) o incluso encontrar una vacuna, estudiar las causas de la enfermedad y atajarlas.

Pero claro, habría un inconveniente:

  • Roche perdería parte (no todo) de su negocio.

Vemos que este inconveniente basta para que las dos ventajas anteriores no tengan valor, ni puedan ser alcanzadas. Y en este caso, el dinero está por encima de la salud de los pobres y los ricos, y del conocimiento de los científicos. ¿Están las patentes al servicio de la innovación? ¿Están haciendo un favor a la ciudadanía? ¿Es razonable plantearse si el modelo de patentes debería revisarse?

En fin, ahí lo dejo. No estoy seguro de que al ritmo que vamos, (de evolución tecnológica, de movimientos de personas, de comunicación) las patentes sean buena cosa.