Ya os comenté lo que pasaba con mi disco duro y Windows. Pues bien, ha llegado el momento de cumplir la promesa, ya no puedo tener a mis hermanas con una máquina virtual. Me he negado hasta que he podido, pero hoy he decidido ceder, y también le he dicho a mi hermana Windowsera lo que hay:

Está bien. Instalo Windows. Pero no pienso mantenerlo, porque mantener ese sistema requiere tiempo. Ni instalar programas. Tú sabes hacerlo. Y si no, yo tampoco nací sabiendo. Si el ordenador es de todos, como tú dices, y es cierto, se acabó lo de “es de todos, pero si hay que hacer algo que lo haga Antonio”. Y cuando vaya a instalarlo, tú vas a estar delante, y vas a ver cómo se hace. Quiero que sepas exactamente lo que implica instalar este tipo de malware software.

Así que se acabó lo de tener un solo sistema operativo en el PC. También se acabó lo de tener sólo sistemas libres. Ahora me tiro de cabeza a instalar un sistema propietario, lleno de bugs, inestable y que necesita formatearse con cierta frecuencia. No voy a instalar antivirus. No voy ha hacer nada más que instalar el Sistema Operativo. Un CD. Y ahí se va a terminar mi contacto con Windows. Todo lo que tenga que instalar, lo instalará quien lo vaya a usar. Me da igual que no pueda grabar cds, que no pueda editar fotos o abrir una hoja de cálculo. Desde luego, yo no voy a bajar Prison Break para ella en Windows. O aprende a usar Azureus en Windows, o lo ve en totem bajo linux como lleva haciendo hasta ahora.

¿Esto es una venganza? ¿Soy malvado? Puede. Pero lo que me voy a reír no tiene precio.