Primer post tipo “carta abierta” de Esto es buena cosa… y en esta ocasión va dirigido a un colectivo que hace mucho, pero mucho daño a la causa del software libre contra el software propietario (causa que debería ser la de todos, salvo de los que se enriquecen con el software propietario). Vaya por delante que es cierto que hay mucho intrusismo en esta profesión, que no todos los profesores de informática tienen una formación específica y concreta en esta materia y que muchas veces, por falta de medios económicos (luego incidiré sobre esto) se reutilizan profesores de matemáticas, de eso que llaman tecnología, o de vaya usted a saber qué.

Sin embargo, independientemente de cuál sea la formación de usted, profesor, aceptar ese puesto (y cualquier otro en la enseñanza pública) implica responsabilidad. Responsabilidad hacia los alumnos, que deben salir bien formados; y responsabilidad hacia quienes pagan (pagamos) esa enseñanza pública. Y muchas veces, ni lo uno, ni lo otro.

Empecemos por lo más importante, que es la formación de los alumnos. Ya ha pasado la etapa en la que un chaval de quince años no veía un ordenador con mucha frecuencia, y ahora es raro el que encuentre un ordenador por primera vez. No tiene sentido enseñar a un chaval a mover el ratón: ya lo sabe. Lo que sí tiene sentido es que el chaval aprenda qué es un ordenador. Qué partes tiene. Tiene sentido que un chaval (o chavala ¬¬) aprenda a diferenciar el sistema operativo de otras aplicaciones. Tiene sentido que se explique en qué consiste Internet y qué más usos tiene además de la mensajería instantánea. Y sobre todo, tiene sentido que el alumno aprenda a usar el ordenador como herramienta de propósito general. Que sepa manejar aplicaciones de ofimática es importante, pero no es lo único. Antes de crear niños expertos en Microsoft Word, podríamos crear niños expertos en encontrar la información que necesiten: en la ayuda de Microsoft Word, en Internet, etc. En este caso, la formación que reciben los alumnos raras veces es completa, y en muchos casos se limita a que los niños pasen una o dos horas a la semana utilizando todas y cada una de las opciones de la suite Microsoft Office de una forma inconexa, sin saber realmente qué hacen, y sin que luego sean capaces de aplicar esos conocimientos supuestamente adquiridos. No pido que los niños salgan del instituto programando en python, pido que se haga un trabajo responsable y no se desperdicie el tiempo de los alumnos y de los profesores en clases sin sentido.

Con todo, este no es el problema más grande. El problema es que los profesores de informática de los institutos no son responsables. Y si los profesores lo son, se encuentran con directores de centro que son más listos que ellos, y que la mierda esa del Guadalinex la quitamos y ponemos Windows. Apañados estamos. Antes de instalar software propietario alegremente planteémonos sus consecuencias.

Ya sabemos todos que la enseñanza pública no tiene medios suficientes para casi nada, y que todo el ahorro posible es bueno. Pero aún así nos encontramos con profesores que instalan Windows en todas las máquinas del centro. La pregunta lógica sería: ¿puede un instituto público permitirse 20, 30 o 40 licencias de Windows? Sí, puede, a costa de mantener un ordenador por cada n alumnos. ¿Y si ese dinero no se gasta en licencias de Windows? Quizá pudiéramos tener un ordenador por cada n-1 alumnos. Pero entonces, ¿cómo van a usar Windows los chicos?

  • Pues instalando copias bajadas del emule y haciendo un ejercicio de grave irresponsabilidad
  • No usan Windows, usan otro software que la propia Consejería de Educación nos proporciona (en casi todas las CC. AA. es posible)

Pero la cosa puede ser peor. Sólo hay que dejar paso a los profesores de dibujo, y dejarlos que sean irresponsables por ellos y por todos sus compañeros. Me sorprende que en algunos institutos se enseñe a usar Autocad 2004. Software propietario del bueno. Me dirán que es el mejor software de CAD que existe. Y desde luego es el mejor para matar mosquitos a cañonazos. Primero porque el nivel que necesita un alumno de ESO o Bachillerato está a años luz de la potencia que puede proporcionar Autocad. Pero es que una sola licencia de Autocad cuesta varios miles de euros (más de tres). Ahora sí que no. Un instituto público no puede permitirse 20 licencias de Autocad. Y aún así se usa. De nuevo, con copias obtenidas en el emule. Y no contentos con eso, obligan ustedes a los alumnos a que lo descarguen de esta forma para que lo usen también en sus casas. Y entonces, también tendrán que instalarse una copia (genuina como se dice ahora, o no) del sistema operativo sobre el que funciona Autocad.

Y así es como salen los niños: conociendo un montón de truquitos (porque el programa en profundidad no lo conocen) para una sola versión de una única aplicación para un único sistema operativo. Y los profesores se quedan tan panchos.

Y yo, mientras tanto, me indigno porque se desperdician oportunidades de mejorar la enseñanza cada día. Y sobre todo, porque hay mucho listillo suelto (directores de centro, profesores “de informática”, o de dibujo) que no sabe de qué va la historia, que no ha oído hablar de software libre en su vida (y si lo ha hecho no ha prestado atención) y que se dedica a tirar el tiempo de muchos niños y el dinero de los contribuyentes por la papelera de reciclaje.