Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces ambos aún tendremos una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea y las intercambiamos, entonces ambos tendremos dos ideas.

Este simple ejemplo de George Bernard Shaw debería ser suficiente para mostrar la diferencia fundamental entre el conocimiento y los bienes materiales. Sin embargo, parece ser la tendencia actual el cubrir al conocimiento con un manto de escasez artificial, impidiendo su difusión para de esta forma asemejarlo a las cosas materiales y tratarlo como a estas últimas.

Extraido de un estupendo artículo de Javier Smaldone. Un motivo más para rechazar las patentes de software, entre otras muchas cosas que son absurdas por definición. Cuando el conocimiento solo tiene sentido si se crece en base a él, se intentan poner trabas y hacerlo “estéril” de forma artificial.

El titulo de este post viene a reflejar esta forma artificial de convertir una idea en improductiva. Lo más grave, como señala Javier, es que estamos hipotecando el futuro de generaciones por mantener negocios hoy. El conocimiento de hoy es la base para el conocimiento de mañana, y si no dejamos que fluya libremente estaremos frenando nuestra propia evolución.

Es un ejemplo muy socorrido, y usado hasta la saciedad, pero imaginad por un momento que las ideas puras, los razonamientos, todo el conocimiento que durante miles de años ha ido almacenando el hombre no estuviesen disponibles para los demás. Imaginad que los griegos nunca hubiesen explicado sus métodos matemáticos en escritos. Que Pitágoras se hubiese callado su teorema como una perra. Que no lo hubiese dicho a nadie, o que lo hubiese vendido y solo los que pagaran licencia pudiesen hallar la hipotenusa o los catetos.

Y todo esto enlaza con el movimiento de Software Libre. Las aplicaciones informáticas son conocimiento, y también son herramientas que nos sirven para obtener más conocimiento, igual por ejemplo que las matemáticas. Por eso es necesario que todos podamos usarlas y aprender de ellas. Es curioso que a la hora de mostrar descubrimientos científicos precisamente se emplee una demostración enseñando cuál ha sido el razonamiento seguido para obtener los resultados finales, y en el software se pretenda oscurecer esto, que nadie vea ni sepa cómo has logrado hacer eso, para poder venderlo.

Otra forma de ver el Software de una forma no tan ‘utilitaria’ es hacerlo como dice Richard Stallman. Imagina que el software es una receta de cocina. A mi me gustaría poder hacer esa receta a mi manera. Puedo aprender a hacer una salsa marinera, y en vez de hacerla como me han enseñado, mejorarla y añadirle o quitarle otras cosas para adaptarla a mis gustos. Y así es como surgirán nuevas y apetitosas salsas. Una vez a alguien se le ocurrió añadirle no-se-qué a una salsa de tomate frito de toda la vida, y obtuvo una especie de ketchup. ¿Y si no hubiese podido saber cómo se hace el tomate frito? ¿y si le vendieran el tomate frito embotellado y etiquetado?… oh, wait!