Si nos paramos a pensar en cómo se ha ido desarrollando la sociedad de la información en las últimas décadas podemos observar el gran cambio que ha experimentado todo este mundo en apenas unos años.

Hemos pasado de una antigua situación de mercados cautivos en la que los ordenadores no eran ni mucho menos compatibles entre sí, a una situación en la que hasta los ordenadores de Apple pueden comportarse como PCs mundanos desde el punto de vista técnico del hardware, ya que en lo que al software se refiere son distintos (tienen MAC OS) y en desde el punto de vista estético del hardware son simplemente preciosos. Como iba diciendo, recuerdo de mis clases de GWBASIC en el colegio hace cosa de 15 años, que la profesora nos explicaba dos variantes de algunas órdenes: la versión AMSTRAD y la version SPECTRUM.

Esa situación se acabó (salvo por lo de Apple) para el público corriente con la llegada de los PCs IBM compatible. Ya podías tener un ordenador de cualquier marca, y jugar a los juegos que quisieras. O programar juegos para todas las plataformas a la vez. Eso fue un buen paso, desde luego. Ponerse de acuerdo en usar una arquitectura más o menos estándar es siempre algo bueno. Los inconvenientes derivados de esta situación fueron que, mientras nos librábamos del mercado cautivo hardware, entrábamos en el oscuro mundo del software propietario que coarta las libertades de los usuarios (nótese que no hay una coma después de software propietario).

La existencia y supremacía de Microsoft Windows como máximo emblema de esta filosofía de software ha tenido efectos positivos, ha creado una base importante de usuarios de ordenadores, y ha permitido hasta cierto punto el avance de la sociedad de la información. Sin embargo, hoy por hoy, esto ya no aporta más beneficios, sino que más bien limita el potencial crecimiento de la sociedad. Además de los problemas de seguridad derivados de la existencia de un componente centralizado (al que es más fácil dirigir los ataques), las imposiciones del sistema sobre los usuarios son además de abusivas, muy perjudiciales para el avance. Teniendo como tenemos tantísimos usuarios, un mínimo movimiento aperturista podría desencadenar un avance brutal en todos los aspectos.

Prueba de este avance es la existencia de GNU/Linux. Una vez se constataron los problemas que surgían de la existencia de sistemas operativos propietarios (en este caso era UNIX), la necesidad de crear algo bueno pero a la vez libre animó a muchos a crear un sistema operativo (junto con una serie de herramientas y una propia filosofía) que hoy está dando mucho que hablar. Artículos como el que publica El País, el diario más vendido de España (que no el más leído, ése es 20 minutos), dan cuenta de este hecho. La velocidad a la que avanza el movimiento GNU/Linux es sorprendente, ofreciendo a los usuarios una plataforma basada en estándares abiertos consigue que todos los esfuerzos, vayan en el sentido que vayan, se puedan integrar unos con otros, para poder avanzar más rápido. Este es uno de los mayores beneficios de la gran dispersión de distribuciones que muchos critican.

Precisamente porque no existe una distribución única estamos ofreciendo al usuario más donde elegir, y estamos poniendo más dificultades a un ataque a escala mundial, pues no todos los ordenadores responderán de la misma manera. Incluso aunque mantengan las mismas interfaces estándares, los errores de una distribución se pueden corregir en otra, y la primera aprender la solución de esta última; consiguiendo así una defensa eficaz a la vez que se fomenta la competitividad y el avance de la tecnología.

En medio de todo este avance de Linux frente al software propietario, cae la última gran barrera del hardware: Apple renuncia a usar una arquitectura propia y se pasa a Intel. ¿Cuál es la consecuencia de esto? Que muchos se han pasado a las nuevas máquinas, a un nuevo sistema operativo y a una nueva libertad: poder elegir. Esta libertad de elección se materializa con la posibilidad de ejecutar cualquier sistema operativo en estas nuevas máquinas.

Todavía estamos a falta de que caiga la última gran barrera propietaria: Microsoft Windows. Y ni siquiera es necesaria su destrucción; ni tan siquiera la liberación del código. Lo único que hace falta es que Windows sea de una vez por todas, estándar. Pero estándar de verdad. Esta es la clave. No es necesario que publiquen cómo trabaja su sistema operativo (sabemos que no podemos aprender mucho de su código :P), pero podrían dejar de intentar mantener cautivos a los usuarios con cosas como WMA, WMV o Internet Explorer. Un paso adelante como ha dado Apple con las nuevas Macs. Dar libertad al usuario. Permitirle elegir. A Apple le ha salido muy bien dar este paso… Microsoft podría hacer lo de siempre, lo que hace tan bien (?): copiar. Lo hizo con las ventanas, lo ha intentado con Vista, y bueno, de Zune no vamos a hablar. Pero, podría al menos intentarlo, ¿no?

Y cuanto más tarde en dar ese paso, peor lo va a tener. Está perdiendo usuarios, su nuevo sistema operativo nace con un gran problema: no es necesario, no aporta nada nuevo, salvo un desembolso de muchísimo dinero. La era de los mercados cautivos está llegando a su fin, la cuestión es si en Microsoft se darán cuenta a tiempo.

Y de regalo, después de semejante tocho, una anécdota: Ayer estuve estudiando en la Biblioteca de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. Y esto fue lo que me encontré en los ordenadores:

KDE en Derecho

Resistance is futile…