Leyendo en menéame sobre Luis Cobos he llegado a una intervención de Carlos Sánchez Almeida en una Conferencia sobre la Propiedad Intelectual en el ámbito de las Nuevas Tecnologías. Esta conferencia tuvo lugar en Gerona en el año 2001, y ya entonces Sánchez Almeida tenía cosas muy claras. Lamentablemente la situación no ha cambiado y lo que él decía hace 6 años sigue en plena vigencia. Os rescato algunos contenidos:

Lo primero que sorprende al hablar de derechos de autor, en el marco de la Declaración Universal de Derechos Humanos, es que se encuentran desligados del artículo que regula el derecho de propiedad. Se encuentran en el artículo 27, el mismo que establece el derecho a participar en el progreso científico, y a continuación de todos los artículos que regulan los derechos a un adecuado nivel de vida, a la salud y a la educación.

Esta es la clave, creo yo. En la declaración de los Derechos Humanos, se recogen además del derecho a la propiedad y de acceso y participación en la cultura, el derecho de autor. Pero no la propiedad intelectual. La creación de esta figura legal es artificial y no tiene nada que ver con el derecho del autor a ser reconocido o a cobrar por su trabajo.

Como ya decía Javier Smaldone en el artículo que citaba hace unas semanas sobre las manzanas (Que no te capen las ideas) las ideas y el conocimiento no se pueden intercambiar, no se pueden poseer, porque cada persona que ‘entra en contacto’ con el conocimiento pasa a ser su dueño legítimo siempre. No pasará a ser su autor, pero sí podrá usar el conocimiento para lo que a él le plazca.

Pero el artículo de Sánchez Almeida sigue ahondando:

A partir de este punto, surge una pregunta retórica. ¿Por qué se llama propiedad intelectual a los derechos de autor, cuando según la Declaración Universal de Derechos Humanos son cosas distintas? Distintas hasta en su duración: la propiedad es ilimitada en el tiempo, los derechos de autor no. Sería inimaginable que la propiedad de un inmueble caducase a los 70 años de su compra: es transmisible a los herederos indefinidamente, lo que no sucede con los derechos de autor. Si tan distintos son en su esencia, derechos de autor y derecho de propiedad, ¿por qué son denominados propiedad intelectual? La respuesta es sencilla: para poder traficar con ellos

Avanzamos hacia un mundo en el que la información va a ser el principal valor de cambio. Un mundo en el que los principales derechos del mundo digital giran en torno a la propiedad industrial e intelectual. [...]

En dos artículos publicados en Le Monde diplomatique, Philippe Riviere y Philippe Quéau se planteaban a quién pertenecen los conocimientos. Sólo hay una respuesta: los conocimientos pertenecen a toda la Humanidad. La propiedad intelectual, multiplicando por diez el coste de los medicamentos, condena a muerte cada año a millones de enfermos africanos. Las embajadas de los países productores presionan a las autoridades locales, impidiéndoles la elaboración de fármacos genéricos. Y ello por no hablar de las patentes sobre la vida y sobre la riqueza biológica de los países, en manos de empresas de biotecnología. Si la propiedad intelectual permite algo así en el mundo real ¿qué no permitirá en Internet?

Sinceramente, el panorama es desalentador, a la vez que preocupante, sobre todo porque sabemos que es cierto. Las imposiciones de las multinacionales, los grupos de presión con intereses económicos en algunos sectores nos están jodiendo vivos a todos. También hay ejemplos:

Que se pueda copiar libremente un libro para su uso no lucrativo, y no se pueda copiar software, es una consecuencia del actual estado de cosas: es lo que ocurre cuando los legisladores, en lugar de responder a las exigencias de la sociedad, se doblegan ante los intereses de grupos de presión multinacionales, y sean los asesores de estos grupos los que impongan un texto legal cuya redacción sólo compete a los parlamentarios escogidos por votación popular.

Esto me recuerda un poco a una respuesta de un internauta indignado ante la actitud de la Ministra de Cultura (creo que voy a crearle una categoría específica a esta mujer, me paso todo el dia con Carmen Calvo en la boca):

[...]le recuerdo que usted es la encargada de hacer llegar la cultura a todos, no se encarga del consumo, ni de la economía ni del trabajo si no de no poner trabas a la cultura diversifiar esta y conseguir que todo el mundo tenga accesibilidad a la mayor fuente de conocimientos posible, para eso emule e internet son dos herramientas imprescindibles, y para eso querida señora LA CULTURA DEBERÍA SER GRATIS (bajo el punto de vista de una ministra su lucha debería de estar en esta línea), atendiendo a la posible contestación de que hay que proteger al autor, no me jodas, las distribuidoras no son autoras de nada y el mayor porcentaje de dinero se lo llevan ellas [...]

Creo que va quedando claro, ¿no? Desde la industria cultural se nos bombardea con la idea de que el Derecho de Autor es lo mismo que la Propiedad Intelectual, y una vez que nos convencen a fuerza de repetírnoslo, los poderes públicos ya no tienen que defender a los ciudadanos, porque estos ya no se quejan. Se dejan hacer de todo. Si me bajo una canción, una película o un libro del emule, ¿me tengo que sentir culpable? Aquí confundimos el contenido, que es la creación, la cultura o el conocimiento, con el continente: CD, celuloide, libro. Señores, la cultura es intangible y no se puede comprar o vender. Lo que os han estado vendiendo siempre ha sido el soporte en el que iba la cultura, la cultura no se puede vender, porque no tiene precio. ¿Cómo cuantificas el precio del conocimiento?

Y para terminar, vuelvo a recurrir a lo que ya dijo este abogado en la conferencia de Gerona (tenemos la misma licencia, así que no hay ningún problema :P):

Hay momentos decisivos en la historia de la humanidad: aquellos en que se decide que un determinado descubrimiento ha de formar parte de un patrimonio cultural común. Nuestro devenir se ha basado en compartir el conocimiento, en considerarlo como un derecho inalienable del ser humano, que no puede estar sujeto a ningún tipo de canon o royalty.

Somos el producto de 15.000 millones de años de evolución de la materia. La vida misma se basa en el intercambio de información genética. Hemos llegado a ser lo que somos intercambiando información. Si se imposibilita el intercambio de información, se bloquea nuestra evolución como especie inteligente.

Hoy nos hallamos ante una disyuntiva, de cuya resolución puede depender buena parte de nuestros logros en el próximo milenio. Existe un conglomerado empresarial que pretende el monopolio comercial absoluto sobre los sistemas operativos de ordenador, sobre sus programas y sobre la comunicación misma. Conseguir que encender el pc, poder escribir en él y en la red sea un acto libre, por el que no hay que pagar ningún tributo a nadie, no ha de ser una batalla judicial. Ha de ser una prioridad política, porque es una necesidad histórica.