Mi compañero Julián en www.lodemenos.net, se siente identificado con algunas de las reflexiones de Darwinsoft, que lo llevaron a abandonar el uso de GNU/Linux. El artículo que ha escrito en lodemenos al respecto es Reflexiones del mundo Linux y ya lo he comentado allí, pero hay algunas cosas que desde esta mañana me estaban rondando la cabeza y voy a explicar también aquí, porque me debo a vosotros, queridos lectores ;).

En el artículo de Darwinsoft se hacían las siguientes afirmaciones:

La comunidad -que ahora es más numerosa que antaño- está más dividida que nunca, creando miles de distribuciones, y metadistribuciones creadas a partir de ellas. En vez de aunar esfuerzos, cada uno va por su lado

[…]

Han surgido miles de proyectos encaminados a resolver diferentes necesidades del usuario. Eso está muy bien, pero ¿no sería mejor aunar esfuerzos en uno o varios proyectos que sobresalgan por su calidad? ¿Es necesario que haya miles de proyectos sin acabar dedicados a un único objetivo?

Y yo os voy a decir que no, que no estoy ni mucho menos de acuerdo con esto. Por los motivos que os voy a ir explicando.

Primero, la existencia de distintos usuarios impone la existencia de distintas soluciones: idealmente, una para cada usuario. Comercialmente: una para todos los usuarios. Libremente: tantas como podamos dar para todos los usuarios. Me explico: un informático no va a hacer el mismo uso del sistema operativo que un amo de casa. Evidentemente harán un uso distinto del ordenador. Incluso si ambos quieren copiar ficheros de una carpeta a otra, las necesidades que tendrá el informático serán distintas a las del hombre de la casa. Intentar hacer un único sistema operativo (o distribución) que sirva para los dos será muy complicado, ya que incorporará miles de funciones que cada uno no usará. Sin embargo, si cada uno pudiese elegir entre un amplísimo abanico, podría encontrar aquella distribución que le ofrezca lo mejor. Lo mejor para él, y aquí está el matiz.

No existe “lo mejor” a priori. Es imposible calificar objetivamente una aplicación como mejor que otra. Algunos me dirán que Photoshop es mejor que MS Paint (por poner dos ejemplos extendidos y propietarios). Y yo diré que no, que a un niño que lo que quiere es pintar un garabato, le gustará mucho más el simple Paint que el complejo Photoshop. A un fotógrafo, le ocurrirá lo contrario. Por eso, también para cada aplicación deben existir distintas soluciones. Distintas aproximaciones a la solución de un problema: editar mapas de bits.

Segundo, mientras que en el software privativo hay que apostar por un modelo de solución y seguirlo hasta el final, y hay soluciones que no se prueban porque no son rentables a priori, en el software libre no existen esas absurdas limitaciones monetarias. Podemos desarrollar siete lineas de desarrollo distintas para resolver un mismo problema, cada una con sus partes buenas y partes malas, desarrollarlas todas a la vez, pero cuando haya que crear la siguiente versión de cada una de ellas, podremos saber lo que funciona bien (o no) de los otras, y aplicar (o no) esos mismos principios a nuestras aplicaciones. Así, lo que en principio era una división de esfuerzos, redunda en una mayor robustez, pues cada uno de los equipos ha desarrollado una aplicación con conocimiento directo de la suya e indirecto de todas las demás. Ejemplo: para gnome no existía un reproductor musical que ofreciera toda la funcionalidad de amarok, quizá porque se pensaba que hacer eso implicaría demasiada configurabilidad que chocaría contra la usabilidad que pretende este entorno de escritorio. Sin embargo, cuando se vio lo que habían hecho con amaroK para KDE, se multiplicaron las alternativas para gnome que ofrecían lo bueno de amarok: gestión de la colección, puntuación de canciones, soporte para last.fm, letras, información de la Wikipedia… con una interfaz más amigable con gnome, que huye de los grandísimos efectos gráficos y la enorme configurabilidad para dar funcionalidad y usabilidad.

En definitiva, la fragmentación puede parecer abrumadora al principio, y algunos solo ven su lado negativo; cuando en realidad, esa libertad de fragmentar para luego aprender de los demás es una gran oportunidad de crecimiento.