NOTA: esta entrada está escrita en cierto tono sarcástico con objetivo de hacer que reflexionemos sobre el tema, así que no os toméis al pie de la letra la exposición.

Aceptémoslo. Los sindicatos han fracasado a la hora de defender los derechos de los trabajadores. No sirven de nada. No consiguen evitar deslocalizaciones, ni despidos, ni expedientes de regulación de empleo ni que baje la siniestralidad laboral. Quizá me digáis que soy un exagerado, que los pobres sindicatos hacen lo que pueden, pero eso es radicalmente falso: no hacen lo que pueden… o hay gente que puede hacer mucho más. Yo lo tengo muy claro, los sindicatos deberían convertirse todos en Sociedades de Gestión. Ésas si que defienden bien los intereses de sus socios. Mirad estos ejemplos

Ejemplo de eficacia: las reglas del mercado y de la tecnología provocan que la gente ya no compre discos, porque prefiere escuchar música de otras formas. Está claro que para los “consumidores de cultura” estas nuevas formas son más cómodas y baratas, ya que ellos deciden lo que escuchan en cada momento. Las Sociedades de Gestión protestan, hablan con varios ministerios para producir campañas de concienciación conjuntas y consiguen que, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado y rompiendo el principio legal de presunción de inocencia, se les pague lo que ya no consiguen vender por los cambios tecnológicos. Consiguen una subvención pública para todos sus socios, que ellos se encargarán de gestionar, como siempre, sin ánimo de lucro.

Ejemplo de ineficacia: las reglas del mercado global provocan que los servicios de atención al cliente se deslocalicen y ahora nos atiendan desde Latinoamérica. Está claro que para las empresas españolas “consumidoras de servicios de atención al cliente”, este cambio les supone un importante ahorro, así que obviando a sus trabajadores españoles a los que pagaban sueldos españoles, se llevan el negocio a América, donde les sale mucho más rentable. Los sindicatos españoles intentaron protestar, pero el mercado es el mercado y no se puede reprochar que un actor (Telefónica, Vodafone, etc) del mercado deje de comprar en un sitio para comprar en otro. El gobierno no puede hacer nada, porque estaría tocando la bendita economía de mercado y las leyes de la competencia, que nos han conseguido grandes éxitos como subidas iguales en el establecimiento de llamada, precios similares por minuto y tarifas similares para acceso a internet. Curiosa competencia.

Lo que podría haber ocurrido si los sindicatos fuesen Sociedades de Gestión: habrían hablado con el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Habrían concertado unas campañas en televisión, habrían editado panfletos para convencer a las empresas españolas “consumidoras de servicios de atención al cliente” de que hay que defender los derechos de sus asociados, los trabajadores, de que deslocalizar está mal, y de que lo más cool en este mundo era pagar las cosas a precios caros, para proteger a los trabajadores. Habrían conseguido una subvención pública que pagarían todos los usuarios de móvil, que aportarían lo que las empresas habrían dejado de ahorrar al mantener sus servicios en España. Esta subvención, se repartiría entre todos los teleoperadores, que festejarían cada llamada de un cliente como si fuera una victoria de su equipo en la Champions League.

¿No os da la sensación de que nos timan como quieren? Ya lo dijo Iñaki Gabilondo, lo llaman economía pero quieren decir ideología.