La sorprendente historia de un shareware que robaba contraseñas de correo. Como siempre, la ingeniería social es nuestro peor enemigo. Como siempre, la pregunta (y la respuesta) sobre la necesidad de disponer del código del software que utilizamos pesa como una losa. Porque no podemos ir por ahí como hadas madrinas esperando que todos los programas de código cerrado sean éticos.