En Menéame he leído que a un dueño de un Ferrari le han puesto una demanda los de Ferrari por haber tuneado el coche que compró. El argumento de la empresa es que el coche tuneado (el tipo convirtió el deportivo en limusina) no es un Ferrari.

Mi primera reacción ha sido la fácil, la de preguntarme de qué carajo van los de Ferrari, demandando a su propio cliente, pero luego, pensando un poco (no mucho, para no cansarme):

Las marcas nos son útiles porque nos dan información sobre la calidad de un producto, sabemos quién está detrás de su creación y en cierto modo nos aportan seguridad. Es cierto que las marcas y lo que conllevan también aportan nuevos problemas, pero eso no es lo que voy a comentar ahora, lo haré después de leer No Logo.

El caso es que, si Ferrari permitiese que un artículo diseñado por ellos incorpore diseños ajenos, la imagen de la marca podría verse modificada para bien o para mal. Ferrari es dueña de la marca Ferrari, y el dueño del coche sólo es dueño del coche, por lo que no debería modificar algo que no es su propiedad: la marca Ferrari. Con el coche puede hacer lo que le de la real gana, tiene toda su libertad para hacerlo, porque el coche es suyo (a menos que Ferrari venda coches licenciados, como si fueran Sistemas Operativos).

La cuestión es que en este caso, la empresa está aplicando la ley del embudo: si quieres hacer contrapublicidad de Ferrari, tendrás que pagarlo, por usar mi marca en un coche que ya no es un Ferrari. ¿Y si le damos la vuelta al planteamiento? Si quieres que lleve un logo de tu marca en mi coche, y por tanto hacerte publicidad, tendrás que pagarme. Lo que digo no es una idea descabellada: la publicidad es algo bueno, nos permite tener información sobre distintos productos y además nos permite subvencionar servicios como la televisión privada (y pública). La cuestión es que soportar publicidad debe aportar algo, un valor añadido. En el caso de un coche, o de un reproductor de música, pasa justo al contrario: ves a la gente pagando más de lo que vale el producto, pagando por la marca, pagando por hacer publicidad. ¿No es de locos?

Como dicen en el blog salmón, si la empresa quiere mantener el 100% del control sobre el producto, deberá alquilarlo y no venderlo. Así, enlazamos dos mundos radicalmente distintos, los coches y el software. Los sistemas operativos privativos no se venden, se alquilan y por eso mantienen las restricciones. Por eso es tan importante poder comprar un sistema operativo libre y que el código sea tuyo para hacer lo que quieras. Y la peculiaridad es que los conceptos de alquiler y compra varían un poco:

  • Cuando se alquila un sistema operativo privativo, como Windows o Mac OS, se está realizando un alquiler en un único plazo, pero que tiene un contrato asociado de restricciones. El problema es que los usuarios no lo saben
  • Un sistema operativo libre se puede comprar, al precio que sea, incluidos los 0 euros.